A veces, después de un tiempo de fluir, exprimirse, pintar y expresar lo que quería salir, llega súbitamente un parón, un pequeño cortocircuito. Se corta la correcta conexión entre el interior y la expresión externa, la artística. Es entonces cuando aparece el temido estancamiento.
Estás delante del lienzo con tus pinceles y no logras sintonizar la correcta melodía que armoniosamente siempre sabe cómo componer para imprimir en la tela blanca. Pincelada aquí, pincelada allá, pero no salen de forma natural, son forzadas. Parón tras parón y no hay continuidad. En ese instante decides parar, tomar un descanso, aprovechar para pasear. Tomar un tiempo para volver a recargarse y recuperar la inspiración, tan necesaria como el reposo.
Será el momento de tomar unos días de vacaciones y regresar al trabajo con las energías renovadas para seguir expresando todo aquello que desea ser manifestado...
