jueves, 20 de junio de 2013

QUEBRANTAHUESOS
Una vida rutinaria y alguna que otra insatisfacción es la que empuja a plantearte retos. Estos son grandes motores impulsores, pero a veces,si no se canalizan bien, pueden generar ansiedad.
Cuando te planteas un reto sea del tipo que sea es porque en aquel instante no lo ves factible y además tienes así algo en lo que volcar tu atención para generar una ilusión. En el fondo siempre, o casi siempre, sabes que lo puedes conseguir con dedicación y tesón, siempre que no hables de subir un "8000", sólo alcanzable a unos pocos. Ya conoces tus limites, aunque puedes ampliarlos durante la preparación para el reto. Es un periodo en el que vas a aprender mucho sobre ti. Vas a conocer facetas nuevas, a reconocer otras que creías olvidadas, pero que formaban parte de tu bagaje personal. En definitiva, estás cambiando. Te das cuenta de que con preparación todo lo que te propongas lo puedes lograr.
Los retos consiguen distraer tu atención de la realidad que estás viviendo y te apartan en muchos momentos de ella, con sus pros  y sus contras. Y pueden hacer que descuides otras áreas importantes de tu vida.
Llega el momento en el que te enfrentas a tu reto. Sabes lo que te has preparado y cómo. Siempre hay que intentarlo.
 Puedes lograrlo o no, pero sabes que en los dos casos se aprende mucho.
Con el tiempo te das cuenta de que el reto más importante y más difícil al que te enfrentas en tu vida es al de cambiar y ser un poco mejor persona cada día...

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